Castilla y Léon

Pescar en Burgos, un Destino muy Completo

Puede que aún no lo sepas, pero la provincia de Burgos te gusta. La confluencia de climas y ecosistemas que ofrece este territorio se traduce en una enorme variedad de posibilidades para el pescador. Desde pequeñas corrientes de montaña hasta ríos de cierto porte, pasando por embalses y cauces de llanura, el aficionado a la caña encuentra en Burgos todo lo que puede necesitar.

Esta provincia, junto con Palencia, es la única de España que cuenta con ríos que regalan sus aguas a las tres vertientes de nuestro país: atlántica, cantábrica y mediterránea. Si unimos este hecho a su gran variedad climática y orográfica, encontramos un enorme puñado de posibilidades para cualquier caña con ganas de pasarlo bien.

A lo largo y ancho de su territorio, Burgos esconce cauces de todo tipo y condición y, lo que lo hace aún mejor, con peces para disfrutar. Para los amantes de la alta montaña la Sierra de la Demanda es su destino. El río Pedroso es el estandarte de esta comarca, conocido mundialmente, y por méritos propios. A pesar de atravesar malos momentos hace unos años, actualmente vuelve a tener una densidad de truchas que, aunque no tiene nada que ver con la de antaño (este río dio de comer a muchas familias no hace tanto tiempo), es suficiente para gozar de buenas jornadas de pesca. Y lo bueno es que discurre por un entorno espectacular que hace que merezca la pena acercarse hasta él, más allá de las capturas que se logren. Lo mismo que ocurre con la cabecera del Arlanza, que cuenta con un coto de ensueño por encima de Quintanar de la Sierra, o con el río Neila, cuyo nacedero está en Burgos (con un buen coto), que se convierte en el Najerilla cuando se adentra en La Rioja.

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Con menos altitud seguimos encontrando río vivos, saltarines y ciertamente atractivos. El Rudrón, afluente del Ebro, inmortalizado por Miguel Delibes en su obra ‘Mis amigas las truchas’, es seguramente el río más apreciado por los burgaleses, con su color esmeralda inimitable. Discurre por las Hoces del Alto Ebro y Rudrón, un paisaje que cuenta con la clasificación de Parque Natural y que se encuentra a apenas media hora de la capital. Nutrias, mirlos acuáticos, becadas, desmanes, buitres o águilas reales, por poner sólo unos ejemplos de la larga lista que se podría componer, nos acompañarán en nuestras salidas de pesca.

Si nos vamos un poco más al norte nos topamos con el Cadagua, un afluente del Nervión, cuyo corto tramo en la provincia de Burgos es precioso y además generoso en unas truchas con una librea típicamente cantábrica. Es un río reducido, sensible a las crecidas y bastante caprichoso, pero las jornadas que da la cara pueden ser inolvidables para el pescador.

No se puede dejar de mencionar los cauces trucheros de llanura, en los que Burgos es muy rico. Se trata de un tipo de río muy castellano, que no alcanza grandes caudales (salvo con las crecidas estacionales), pero que, habitualmente, cría truchas de buen tamaño. Cursos de agua como el Ausín, el Úrbel, el Ubierna, el Hormazuela, el Gromejón, el Riaza y muchos más (teniendo en cuenta que este último está regulado por un pantano) responden a esta descripción. Se trata de ríos que seguramente no son atractivos a primera vista, pero que cuentan con unos truchas generalmente francas y agradecidas. Nos encontramos con cauces muy técnicos, con caudal discreto, escasa anchura (raramente más de tres o cuatro metros), corriente más o menos lenta y abundante cobertura arbórea y de ribera, lo que convierte cada lance en un desafío que regala peces grandes y complicados de echar a la sacadera por la gran defensa de la que disponen.

El Arlanzón, por su parte, es un río con entidad propia. Nace en la Sierra de La Demanda y su cabecera es un hermoso torrente de montaña. Poco más abajo queda embalsado por dos veces, para dar paso después a un tramo regulado que cuenta con abundancia de trucha incluso en su tramo urbano por la ciudad de Burgos. Con un caudal estable durante toda la temporada, ofrece innumerables posturas y es muy demandado por los burgaleses dada su proximidad a la capital. Además de una sana población de pintonas, en sus aguas nadan barbos de buen tamaño y un considerable número de bogas que también pueden dar jornadas divertidas.

Sus dos pantanos, con un entorno magnífico, se prestan a una pesca más reposada y familiar, aunque, caminando por sus orillas, los más andarines descubrirán buenas truchas mientras patrullan en busca de alimento a las que se puede intentar engañar con ninfas, moscas en superficie o cucharillas.

Y hablando de trucha no nos podemos olvidar del Ebro y sus tributarios. El río padre, hasta que hacia la segunda quincena de mayo abren las compuertas del pantano que lo regula y sus aguas se embarran, es una opción imprescindible. Cuenta con abundantes kilómetros que atraviesan parajes espectaculares entre los que encontramos un buen coto y dos tramos libres sin muerte muy interesantes. Y se trata de un río relativamente tempranero en lo que a la pesca a mosca se refiere. De los que vierten sus aguas al Ebro podemos destacar el Nela, el Engaña o el Trueba, aunque son muchos más.

Pero, a pesar de que la trucha es la especie con más peso en la provincia de Burgos, existen un puñado más de golosas opciones que seducirán a cualquier caña. Un ejemplo es el pantano de Sobrón, en el límite con Álava, que hasta hace unos años era el punto más caliente para el Black bass de todo el norte peninsular; hoy en día, con la aparición de los siluros y la parada de la central de Garoña que calentaba ligeramente las aguas, habrá que ver lo que ocurre. Los barbos también dan opciones en tramos bajos de ríos como el Arlanza, el Pisuerga o en el mismo Duero a su paso por Aranda.

En fin, Burgos es un gran destino de pesca, quizá con menos fama que otros lugares, pero con una enorme variedad de ríos y entornos en los que mojar los aparejos de pesca.

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